Clase media
medio rica
medio culta
entre lo que cree ser y lo que es
media una distancia medio grande
Desde el medio mira medio mal
a los negritos
a los ricos a los sabios
a los locos
a los pobres
Si escucha a un Hitler
medio le gusta
y si habla un Che
medio también
En el medio de la nada
medio duda
como todo le atrae (a medias)
analiza hasta la mitad
todos los hechos
y (medio confundida) sale a la calle con media cacerola
entonces medio llega a importar
a los que mandan(medio en las sombras)
a veces, solo a veces, se dá cuenta(medio tarde)
que la usaron de peón
en un ajedrez que no comprende
y que nunca la convierte en Reina
Así, medio rabiosa
se lamenta(a medias)
de ser el medio del que comen otros
a quienes no alcanza a entender
ni medio.
Mario benedetti.
martes, 30 de junio de 2009
jueves, 25 de junio de 2009
sábado, 20 de junio de 2009
Cálice - Chico Buarque
Como beber de esa bebida amarga,
tragar el dolor, tragar la bronca...
Aún callada la boca, queda el pecho.
El silencio en la ciudad, ya no se escucha.
¿De que me sirve ser hijo de una santa?
Mejor sería ser hijo de otra,
otra realidad menos muerta,
tanta mentira, tanta fuerza bruta.
Padre, aparta de mí ese cáliz...
Padre, aparta de mí ese cáliz...
Padre, aparta de mí ese cáliz...
De vino tinto de sangre.
Es tan difícil despertar callado,
si en lo callado de la noche me lastimo.
Quiero lanzar un grito deshumano,
que es una manera de ser escuchado...
Todo este silencio me aturde,
y aturdido permanezco atento
en la tribuna, para en cualquier momento
ver emerger el monstruo de la laguna.
Padre, aparta de mí ese cáliz...
Padre, aparta de mí ese cáliz...
Padre, aparta de mí ese cáliz...
De vino tinto de sangre.
De tan gorda la puerca ya no anda.
De tan usado el cuchillo no corta
Es tan difícil, padre, abrir la puerta
de esa palabra presa en la garganta,
ese trago tremendo en el mundo.
De qué vale tener buena voluntad
si callado el pecho, resta la cabeza
de los borrachos en el centro de la ciudad.
Padre, aparta de mí ese cáliz...
Padre, aparta de mí ese cáliz...
Padre, aparta de mí ese cáliz...
De vino tinto de sangre.
Tal vez el mundo no sea pequeño,
ni sea la vida un hecho consumado...
Quiero inventar mi propio pecado,
quiero morir de mi propio veneno.
Quiero perder de una vez la cabeza
y que mi cabeza pierda tu juicio.
Quiero oler humo de óleo diesel
y embriagarme hasta que alguien me olvide.
domingo, 7 de junio de 2009
Taki Ongoy de Victor Heredia
Hubo un tiempo en el que todo era bueno. Un tiempo feliz en el que nuestros dioses velaban por nosotros. No había enfermedad entonces, no había pecado entonces, no había dolores de huesos, no había fiebres, no había viruela, no había ardor de pecho, no había enflaquecimiento. Sanos vivíamos. Nuestros cuerpos estaban entonces rectamente erguidos. Pero ese tiempo acabó, desde que ellos llegaron con su odio pestilente y su nuevo dios y sus horrorosos perros cazadores, sus sanguinarios perros de guerra de ojos extrañamente amarillos, sus perros asesinos.
Bajaron de sus barcos de hierro: sus cuerpos envueltos por todas partes y sus caras blancas y el cabello amarillo y la ambición y el engaño y la traición y nuestro dolor de siglos reflejado en sus ojos inquietos nada quedó en pie, todo lo arrasaron, lo quemaron, lo aplastaron, lo torturaron, lo mataron. Cincuenta y seis millones de hermanos indios esperan desde su oscura muerte, desde su espantoso genocidio, que la pequeña luz que aún arde como ejemplo de lo que fueron algunas de las grandes culturas del mundo, se propague y arda en una llama enorme y alumbre por fin nuestra verdadera identidad, y de ser así que se sepa la verdad, la terrible verdad de cómo mataron y esclavizaron a un continente entero para saquear la plata y el oro y la tierra. De cómo nos quitaron hasta las lenguas, el idioma y cambiaron nuestros dioses atemorizándonos con horribles castigos, como si pudiera haber castigo mayor que el de haberlos confundido con nuestros propios dioses y dejado que entraran en nuestra casa y templos y valles y montañas.
Pero no nos han vencido, hoy, al igual que ayer todavía peleamos por nuestra libertad.
Texto 1 "Taki Ongoy de Victor Heredia"
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